Occidente en Oriente y Oriente en Occidente (o cómo alejarnos del tonto que mira el dedo y acercarnos al sabio que señala la luna)
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domingo, 4 de junio de 2017
La violencia según Krishnamurti
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domingo, 11 de septiembre de 2016
El doble filo de la religión
Del libro "Filosofía Perenne" de Aldous Huxley (cap. 24):
Existen, al parecer, dos razones fundamentales para la observada evolución de las religiones históricas:
1) La mayoría de la gente no desea espiritualidad ni liberación, sino más bien una religión que le procure satisfacciones emotivas, respuestas a los ruegos, facultades supranormales y una salvación parcial en alguna suerte de cielo póstumo.
Esta mayoría de gente no quiere complicarse la vida con ir más allá de su pequeño yo. Quiere una ayuda sencilla en forma de religión o filosofía de vida para ir tirando en su vida cotidiana, tal como observa Huxley.
2) Algunos de los pocos que desean espiritualidad y liberación encuentran que, para ellos, los medios más eficaces para tales fines son las ceremonias, "vanas repeticiones" y ritos sacramentales. El participar de estos actos y pronunciar estas fórmulas es para ellos el recordatorio más potente de la eterna Base de todo ser. Es por su propia inmersión en los símbolos por donde pueden llegar más fácilmente a un punto de intersección entre la criatura y el Creador (...). Cada cosa, suceso o pensamiento puede, por tanto, convertirse en puerta por donde tal vez salga un alma del tiempo para entrar en la eternidad. Por esto la religión ritualista y sacramental puede conducir a la liberación.
La vía mística judía, cristiana y musulmana se basa en esto. Los mismos actos rituales y las fórmulas observadas en el punto anterior son medios para ir más allá del pequeño yo. La persona está totalmente abierta a lo interior y a la exterior, sin opiniones cosificadas sobre las cosas, sin prejuicios, sin juicios, sin emociones incontroladas. El pequeño yo ya no está y surge el gran YO, lo divino, el tesoro oculto del ser humano. Estar en presencia de una persona de tal calibre es otra cosa. Jesús era así, Muhammad también, Buda, Moisés... En la vida cotidiana en todo tiempo y lugar han habido y hay personas que se acercan a su nivel, pero que ni se dan cuenta de ello, porque su pequeño yo no está. No van de nada. Cada palabra, cada cosa, cada suceso, cada pensamiento, cada emoción, son puertas hacia lo que va más allá de lo aparente. Pero esto solo lo ve la persona capaz de verlo. No la gente común que no quiere complicaciones, que se queda satisfecha solamente asomándose a la superficie desde la visión de su pequeño yo (de ahí que surjan tantos errores de conducta y de doctrina).
Pero, al mismo tiempo, todo ser humano ama el poder y la exaltación de sí mismo, y toda consagrada ceremonia, forma verbal o rito sacramental es un cauce por donde puede afluir fuerza del fascinador universo psíquico al universo de los yo encarnados. Por esto la religión ritualista y sacramental también puede alejar de la liberación.
Los actos rituales y las fórmulas del primer punto son armas de doble filo para quien tiende a hinchar su pequeño yo. El resultado va desde una mera hinchazón del "yo" y "lo mío" hasta el fanatismo de "lo mío es lo mejor" y "yo sé lo que te conviene". Los fanáticos arrogantes y los terroristas son los casos más extremos. No es más que mera idolatría del "yo" y "lo mío". El resultado es que todo lo que se sale de su esquema mental es despreciable, bicho que se ha de eliminar.
Por eso el Corán es un libro que tanto es referencia para el sufi, como para el dogmático, como para el terrorista.También la Biblia, para el caso judío y cristiano. Por eso lo del doble filo de la religión. Quien tiende a dejarse dominar por su pequeño yo, el texto favorece sus intereses de poder. Quien no va de nada, el texto le habla de sus significados ocultos. Y es cuando del pecho de la persona surgen los arroyos de leche y miel, dicho de una manera coránica, al mismo tiempo poética. Sería tan bello que surgieran personas así, muchas, y que la voz del islam ya no fuera monopolio de dogmáticos, fanáticos y terroristas. Así el islam sería la admiración del mundo. Es solo un sueño. Soñar no me lo impide nadie.
Ali, yerno y primo de Muhammad, expresó magistralmente el hecho religioso en el ser humano:
Hay tres tipos de personas religiosas: la del esclavo, la del comerciante y otra. El esclavo cumple con la religión por miedo al castigo. El comerciante cumple con la religión por afán de recompensa. El otro es el que cumple con la religión por amor desinteresado. De los dos primeros el mundo está lleno. De los otros, se encuentran a faltar (*).
El pequeño yo cabe en un puño apretado para asegurarse que "lo mío sigue siendo mío". Al GRAN YO no lo abarcan ni los cielos ni la tierra. Los brazos abiertos para abrazar desinteresadamente a quien quiera dejarse abrazar. Nuestro fondo sagrado. O Base divina, como lo describe Huxley.
(*) Este hadiz está pendiente de mostrar el texto original en árabe y su traducción al castellano.
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viernes, 20 de mayo de 2016
Las Escrituras en blanco del Buda
Cuentan las crónicas budistas chinas que un grupo de
interesados en el mensaje del Buda hicieron el largo viaje hasta la India para
visitar al Buda. Ellos querían traer de vuelta las Escrituras para ofrecerselas a su
pueblo como guía de sus vidas. Cuando recibieron las Escrituras, se encontraron
con gran sorpresa y contrariedad unos rollos en blanco, y fueron a quejarse al
Buda en persona de que les habían hecho una entrega fraudulenta e hicieron la siguiente
pregunta gritando: “¡¡¡¿Para qué va a servirnos esto?!!!”. El Buda, sonriendo, les
respondió:
“No hay necesidad de
gritar. De hecho, son esos rollos en blanco las verdaderas Escrituras. Pero ya
veo que la gente de la China es demasiado simple e ignorante para creer esto,
de modo que no hay más remedio que darle ejemplares con algo escrito en ellos.”
*Esta es la crónica de Wu Ch´êng-ên, tal como la recoge
Aldous Huxley en su obra “Filosofía Perenne”, en el capítulo 7 “La Verdad”.
Estamos hablando de varios siglos antes de Cristo, cuando
todavía no había internet y la gente no sabía lo que se hacía o pensaba a varios
kilómetros más allá (tenían que pasar años o décadas para que cualquier cosa relevante se transmitiera). El Buda no conocería a Lao-Tse (eran de la misma época, aunque a miles de kilómetros) y su obra póstuma “Tao Te
Ching”. Si lo hubiera conocido, seguro que en esos rollos en blanco habría
escrito, en chino, al menos una de sus sentencias. Pienso en una en particular, que lo resume TODO, por eso me
conmocionó y emocionó cuando la leí:
“La sociedad que sigue
el Tao, usa sus caballos para arar los campos. La sociedad que no sigue el Tao,
usa sus caballos para llevar a los soldados al campo de batalla.”
¿Qué surge ahora mismo?
Los rollos en blanco es lo virginal en la Naturaleza y en el
propio ser humano.
*Pensad en María, la virgen, que por su condición de virgen,
concibió el Verbo divino (Jesús). Pensad también en Muhammad, el ummí-maternal-iletrado,
que gracias a esa condición pudo recibir el Corán y vaciar de ídolos la Kaaba que
construyeron Abraham e Ismael, símbolo de la pureza interior del ser humano.
Lo que quiso enseñar el Buda fue que… (hasta aquí puedo leer,
Mayra dixit).
Vale… Sigo escribiendo, no me puedo callar. A lo mejor
alguien sensible me lee y le sirve de algo.
Pero… Siempre hay un pero.
Pero el ser humano se encarga de superponerlo todo con su propia idolatría.
El ser humano tiende a la idolatría:
sus opiniones fijas, sus sufrimientos, sus angustias por el futuro, sus
resentimientos por el pasado, sus miedos, sus rencores, sus complejos y sus soberbias, sus clases sociales, sus castas, sus anhelos, sus odios, sus
depresiones, sus ideologías, sus barreras, sus fanatismos, en fin, EL EGO. Estamos hablando de los ídolos mentales, los que Nietzsche, el
gran Nietzsche, mi filósofo de mi alma atea juvenil, denunció por ser la gran
desgracia de la humanidad (una de sus grandes obras la tituló “El crepúsculo de
los ídolos”).
*El colmo es la ideología wahabí que tanto daño está haciendo
al islam. En general, cualquier fanatismo religioso, político, racial, futbolístico, etc..
Mensaje en especial para musulmanes (que hoy en día están
sufriendo mucho porque están siendo atacados tanto por dentro como por fuera): a
medida que se van disolviendo los propios ídolos, algo inconmensurable surge,
nuestro tesoro divino, y el resultado es que a la persona le inunda una paz (salâm)
inmensa, que la transmite a los demás (baraka) y deja de ocuparse en juzgar a los demás. Nuestra mente tiende a crear enredos mayúsculos y espinosos, como un zarzal. Cuando el zarzal arde, Allah surge, como le pasó a Moisés (Musa a.s.) en el Monte Sinaí, y todo lo ilusorio se desvanece. Este es el principio del camino
de la pacificación de una sociedad. Este es el camino del Tao para conducir los
caballos a arar los campos. Este es el camino que quiso transmitir el Buda con
sus Escrituras en blanco.
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sábado, 26 de diciembre de 2015
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