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domingo, 4 de junio de 2017

La violencia según Krishnamurti

Según el texto recogido en su libro de entrevistas "Libérese del pasado", Jiddu Krishnamurti dice:

"La violencia no sólo es matar a otro. Hay violencia cuando uno emplea una palabra agresiva, cuando hace un gesto de desprecio a una persona, cuando obedece porque tiene miedo. De modo que la violencia no es sólo la matanza organizada en nombre de Dios, en nombre de la sociedad o del país, la violencia es mucho más sutil, más profunda, y estamos investigando la profundidad de la violencia en sí misma. Cuando dice que es indio, musulmán, cristiano, europeo o cualquier otra cosa, está siendo violento. ¿Sabe por qué es violento? Porque se está separando del resto de la humanidad. Cuando se separa a sí mismo por creencia, por nacionalismo, por tradición, eso genera violencia. Así pues, un hombre que quiere comprender la violencia no pertenece a ningún país, a ninguna religión, a ningún partido político o sistema, sino que se interesa en comprender a la humanidad."


Krishnamurti se está refiriendo a las etiquetas que nos ponemos a nosotros mismos. El ego: como mi cuerpo, mi cara y mi familia son algo único, me creo que soy diferente de los demás. Y caigo en la trampa de, o bien, creerme superior (soberbia), o creerme inferior (complejo de inferioridad que suele llevar a la depresión). En los dos casos se genera violencia. 

Cuando uno va de soberbio, va atropellando a los demás, de manera verbal y/o física. Mira los terroristas y la gente mala que nos podemos encontrar en cualquier parte. En cambio, cuando uno se siente inferior, primero se hace daño a sí mismo, y después a su entorno, que sufre.

Una de las grandes enseñanzas de Krishnamurti, que tanto me ayudó hace años a superar mis tiempos de sufrimiento, es que en nuestra vida cotidiana no hay verdaderas relaciones humanas. ¿Por qué? Por las imágenes. Y esto es importante sobre todo para mis lectores musulmanes, porque estoy hablando de la iconoclastia. 

Krishnamurti decía que cada persona tiene una imagen de sí misma, y una imagen del otro. Y el otro, a su vez, tiene una imagen de sí misma, y una imagen del otro. Con imágenes por medio, barreras, no puede haber una verdadera relación. Las imágenes son etiquetas, que Krishnamurti denuncia como los grandes separadores de la humanidad. ¿Qué pasaría si no hubieran imágenes entre los seres humanos? ¿Cómo serían las relaciones humanas?

Bert Hellinger se refería a lo mismo: solamente cuando él se liberaba de las imágenes del paciente que tenía delante (juicios y opiniones), la causa del bloqueo y del sufrimiento del paciente, causa hasta entonces oculta y encriptada en la mente, incapaz de expresarse voluntariamente, aparecía como un rayo fulminante. Se mostraba la historia del paciente y él podía diseñar la solución. Bert Hellinger no proyectó nunca sus juicios y opiniones sobre sus pacientes. A esto se refería él como Fenomenología, o descubrir lo que hay detrás de los fenómenos. Saber observar y leer entre líneas (a lo que se refiere etimológicamente "inteligencia").

La cuestión es: ¿por qué le cuesta al ser humano darse cuenta del peligro de crear imágenes de sí mismo y del otro? Las guerras nacen de eso. Las depresiones nacen de eso. Los problemas sociales nacen de eso.

La Kaaba en la Meca está vacía. Es el gran símbolo del islam. No idolatría. Pero la Kaaba interior del ser humano, eso es otra cosa. Suele estar llena de imágenes. No se salva nadie. Que si yo creo en esto, y tú en eso, y aquel en aquello otro. Y no pasamos de ahí. 

Y, mientras tanto, el tesoro interior está esperando para ser hallado, en el fondo para confirmar la unidad del mensaje del Buda, del Tao, del Evangelio, del Corán. Desde la noche de los tiempos.

Sin ego, sin imágenes, sin etiquetas, sin basura psicológica, sin bloqueos, sin barreras, el ser humano florecería, sería algo majestuoso, transmitiría algo poderoso, como el Buda, como Lao Tse, como Jesús, como Muhammad.

Y anoche otra matanza, y hace dos días otra, cada día matanzas en nombre de una cosa o de otra (que si el islam, que si la civilización, que si la seguridad nacional, que si la democracia, que si el honor de la familia, etc.). En todo el mundo.

 

 

domingo, 11 de septiembre de 2016

El doble filo de la religión

Del libro "Filosofía Perenne" de Aldous Huxley (cap. 24):

Existen, al parecer, dos razones fundamentales para la observada evolución de las religiones históricas:

1) La mayoría de la gente no desea espiritualidad ni liberación, sino más bien una religión que le procure satisfacciones emotivas, respuestas a los ruegos, facultades supranormales y una salvación parcial en alguna suerte de cielo póstumo.

Esta mayoría de gente no quiere complicarse la vida con ir más allá de su pequeño yo. Quiere una ayuda sencilla en forma de religión o filosofía de vida para ir tirando en su vida cotidiana, tal como observa Huxley.

2) Algunos de los pocos que desean espiritualidad y liberación encuentran que, para ellos, los medios más eficaces para tales fines son las ceremonias, "vanas repeticiones" y ritos sacramentales. El participar de estos actos y pronunciar estas fórmulas es para ellos el recordatorio más potente de la eterna Base de todo ser. Es por su propia inmersión en los símbolos por donde pueden llegar más fácilmente a un punto de intersección entre la criatura y el Creador (...). Cada cosa, suceso o pensamiento puede, por tanto, convertirse en puerta por donde tal vez salga un alma del tiempo para entrar en la eternidad. Por esto la religión ritualista y sacramental puede conducir a la liberación.

La vía mística judía, cristiana y musulmana se basa en esto. Los mismos actos rituales y las fórmulas observadas en el punto anterior son medios para ir más allá del pequeño yo. La persona está totalmente abierta a lo interior y a la exterior, sin opiniones cosificadas sobre las cosas, sin prejuicios, sin juicios, sin emociones incontroladas. El pequeño yo ya no está y surge el gran YO, lo divino, el tesoro oculto del ser humano. Estar en presencia de una persona de tal calibre es otra cosa. Jesús era así, Muhammad también, Buda, Moisés... En la vida cotidiana en todo tiempo y lugar han habido y hay personas que se acercan a su nivel, pero que ni se dan cuenta de ello, porque su pequeño yo no está. No van de nada. Cada palabra, cada cosa, cada suceso, cada pensamiento, cada emoción, son puertas hacia lo que va más allá de lo aparente. Pero esto solo lo ve la persona capaz de verlo. No la gente común que no quiere complicaciones, que se queda satisfecha solamente asomándose a la superficie desde la visión de su pequeño yo (de ahí que surjan tantos errores de conducta y de doctrina).

Pero, al mismo tiempo, todo ser humano ama el poder y la exaltación de sí mismo, y toda consagrada ceremonia, forma verbal o rito sacramental es un cauce por donde puede afluir fuerza del fascinador universo psíquico al universo de los yo encarnados. Por esto la religión ritualista y sacramental también puede alejar de la liberación.

Los actos rituales y las fórmulas del primer punto son armas de doble filo para quien tiende a hinchar su pequeño yo. El resultado va desde una mera hinchazón del "yo" y "lo mío" hasta el fanatismo de "lo mío es lo mejor" y "yo sé lo que te conviene". Los fanáticos arrogantes y los terroristas son los casos más extremos. No es más que mera idolatría del "yo" y "lo mío". El resultado es que todo lo que se sale de su esquema mental es despreciable, bicho que se ha de eliminar.

Por eso el Corán es un libro que tanto es referencia para el sufi, como para el dogmático, como para el terrorista.También la Biblia, para el caso judío y cristiano. Por eso lo del doble filo de la religión. Quien tiende a dejarse dominar por su pequeño yo, el texto favorece sus intereses de poder. Quien no va de nada, el texto le habla de sus significados ocultos. Y es cuando del pecho de la persona surgen los arroyos de leche y miel, dicho de una manera coránica, al mismo tiempo poética. Sería tan bello que surgieran personas así, muchas, y que la voz del islam ya no fuera monopolio de dogmáticos, fanáticos y terroristas. Así el islam sería la admiración del mundo. Es solo un sueño. Soñar no me lo impide nadie. 

Ali, yerno y primo de Muhammad, expresó magistralmente el hecho religioso en el ser humano:

Hay tres tipos de personas religiosas: la del esclavo, la del comerciante y otra. El esclavo cumple con la religión por miedo al castigo. El comerciante cumple con la religión por afán de recompensa. El otro es el que cumple con la religión por amor desinteresado. De los dos primeros el mundo está lleno. De los otros, se encuentran a faltar (*).

El pequeño yo cabe en un puño apretado para asegurarse que "lo mío sigue siendo mío". Al GRAN YO no lo abarcan ni los cielos ni la tierra. Los brazos abiertos para  abrazar desinteresadamente a quien quiera dejarse abrazar. Nuestro fondo sagrado. O Base divina, como lo describe Huxley.


(*) Este hadiz está pendiente de mostrar el texto original en árabe y su traducción al castellano.

viernes, 20 de mayo de 2016

Las Escrituras en blanco del Buda


Cuentan las crónicas budistas chinas que un grupo de interesados en el mensaje del Buda hicieron el largo viaje hasta la India para visitar al Buda. Ellos querían traer de vuelta las Escrituras para ofrecerselas a su pueblo como guía de sus vidas. Cuando recibieron las Escrituras, se encontraron con gran sorpresa y contrariedad unos rollos en blanco, y fueron a quejarse al Buda en persona de que les habían hecho una entrega fraudulenta e hicieron la siguiente pregunta gritando: “¡¡¡¿Para qué va a servirnos esto?!!!”. El Buda, sonriendo, les respondió:

“No hay necesidad de gritar. De hecho, son esos rollos en blanco las verdaderas Escrituras. Pero ya veo que la gente de la China es demasiado simple e ignorante para creer esto, de modo que no hay más remedio que darle ejemplares con algo escrito en ellos.”

*Esta es la crónica de Wu Ch´êng-ên, tal como la recoge Aldous Huxley en su obra “Filosofía Perenne”, en el capítulo 7 “La Verdad”.

Estamos hablando de varios siglos antes de Cristo, cuando todavía no había internet y la gente no sabía lo que se hacía o pensaba a varios kilómetros más allá (tenían que pasar años o décadas para que cualquier cosa relevante se transmitiera). El Buda no conocería a Lao-Tse (eran de la misma época, aunque a miles de kilómetros) y su obra póstuma “Tao Te Ching”. Si lo hubiera conocido, seguro que en esos rollos en blanco habría escrito, en chino, al menos una de sus sentencias. Pienso en una en particular, que lo resume TODO, por eso me conmocionó y emocionó cuando la leí:

“La sociedad que sigue el Tao, usa sus caballos para arar los campos. La sociedad que no sigue el Tao, usa sus caballos para llevar a los soldados al campo de batalla.”

¿Qué surge ahora mismo?

Los rollos en blanco es lo virginal en la Naturaleza y en el propio ser humano. 

*Pensad en María, la virgen, que por su condición de virgen, concibió el Verbo divino (Jesús). Pensad también en Muhammad, el ummí-maternal-iletrado, que gracias a esa condición pudo recibir el Corán y vaciar de ídolos la Kaaba que construyeron Abraham e Ismael, símbolo de la pureza interior del ser humano.

Lo que quiso enseñar el Buda fue que… (hasta aquí puedo leer, Mayra dixit).

Vale… Sigo escribiendo, no me puedo callar. A lo mejor alguien sensible me lee y le sirve de algo.

Pero… Siempre hay un pero. 

Pero el ser humano se encarga de superponerlo todo con su propia idolatría.

El ser humano tiende a la idolatría: sus opiniones fijas, sus sufrimientos, sus angustias por el futuro, sus resentimientos por el pasado, sus miedos, sus rencores, sus complejos y sus soberbias, sus clases sociales, sus castas, sus anhelos, sus odios, sus depresiones, sus ideologías, sus barreras, sus fanatismos, en fin, EL EGO. Estamos hablando de los ídolos mentales, los que Nietzsche, el gran Nietzsche, mi filósofo de mi alma atea juvenil, denunció por ser la gran desgracia de la humanidad (una de sus grandes obras la tituló “El crepúsculo de los ídolos”).

*El colmo es la ideología wahabí que tanto daño está haciendo al islam. En general, cualquier fanatismo religioso, político, racial, futbolístico, etc..


Mensaje en especial para musulmanes (que hoy en día están sufriendo mucho porque están siendo atacados tanto por dentro como por fuera): a medida que se van disolviendo los propios ídolos, algo inconmensurable surge, nuestro tesoro divino, y el resultado es que a la persona le inunda una paz (salâm) inmensa, que la transmite a los demás (baraka) y deja de ocuparse en juzgar a los demás. Nuestra mente tiende a crear enredos mayúsculos y espinosos, como un zarzal. Cuando el zarzal arde, Allah surge, como le pasó a Moisés (Musa a.s.) en el Monte Sinaí, y todo lo ilusorio se desvanece. Este es el principio del camino de la pacificación de una sociedad. Este es el camino del Tao para conducir los caballos a arar los campos. Este es el camino que quiso transmitir el Buda con sus Escrituras en blanco. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

Sabiduría perenne








Los arquitectos de La Alhambra tenían esta verdad muy bien asimilada, por eso crearon este espejo de agua.



¿Y tú? ¿Tus aguas están tranquilas o revueltas?

Pero de este tema ni a los fanáticos ni a los terroristas de cualquier signo se les ocurre reflexionar.