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viernes, 20 de mayo de 2016

Las Escrituras en blanco del Buda


Cuentan las crónicas budistas chinas que un grupo de interesados en el mensaje del Buda hicieron el largo viaje hasta la India para visitar al Buda. Ellos querían traer de vuelta las Escrituras para ofrecerselas a su pueblo como guía de sus vidas. Cuando recibieron las Escrituras, se encontraron con gran sorpresa y contrariedad unos rollos en blanco, y fueron a quejarse al Buda en persona de que les habían hecho una entrega fraudulenta e hicieron la siguiente pregunta gritando: “¡¡¡¿Para qué va a servirnos esto?!!!”. El Buda, sonriendo, les respondió:

“No hay necesidad de gritar. De hecho, son esos rollos en blanco las verdaderas Escrituras. Pero ya veo que la gente de la China es demasiado simple e ignorante para creer esto, de modo que no hay más remedio que darle ejemplares con algo escrito en ellos.”

*Esta es la crónica de Wu Ch´êng-ên, tal como la recoge Aldous Huxley en su obra “Filosofía Perenne”, en el capítulo 7 “La Verdad”.

Estamos hablando de varios siglos antes de Cristo, cuando todavía no había internet y la gente no sabía lo que se hacía o pensaba a varios kilómetros más allá (tenían que pasar años o décadas para que cualquier cosa relevante se transmitiera). El Buda no conocería a Lao-Tse (eran de la misma época, aunque a miles de kilómetros) y su obra póstuma “Tao Te Ching”. Si lo hubiera conocido, seguro que en esos rollos en blanco habría escrito, en chino, al menos una de sus sentencias. Pienso en una en particular, que lo resume TODO, por eso me conmocionó y emocionó cuando la leí:

“La sociedad que sigue el Tao, usa sus caballos para arar los campos. La sociedad que no sigue el Tao, usa sus caballos para llevar a los soldados al campo de batalla.”

¿Qué surge ahora mismo?

Los rollos en blanco es lo virginal en la Naturaleza y en el propio ser humano. 

*Pensad en María, la virgen, que por su condición de virgen, concibió el Verbo divino (Jesús). Pensad también en Muhammad, el ummí-maternal-iletrado, que gracias a esa condición pudo recibir el Corán y vaciar de ídolos la Kaaba que construyeron Abraham e Ismael, símbolo de la pureza interior del ser humano.

Lo que quiso enseñar el Buda fue que… (hasta aquí puedo leer, Mayra dixit).

Vale… Sigo escribiendo, no me puedo callar. A lo mejor alguien sensible me lee y le sirve de algo.

Pero… Siempre hay un pero. 

Pero el ser humano se encarga de superponerlo todo con su propia idolatría.

El ser humano tiende a la idolatría: sus opiniones fijas, sus sufrimientos, sus angustias por el futuro, sus resentimientos por el pasado, sus miedos, sus rencores, sus complejos y sus soberbias, sus clases sociales, sus castas, sus anhelos, sus odios, sus depresiones, sus ideologías, sus barreras, sus fanatismos, en fin, EL EGO. Estamos hablando de los ídolos mentales, los que Nietzsche, el gran Nietzsche, mi filósofo de mi alma atea juvenil, denunció por ser la gran desgracia de la humanidad (una de sus grandes obras la tituló “El crepúsculo de los ídolos”).

*El colmo es la ideología wahabí que tanto daño está haciendo al islam. En general, cualquier fanatismo religioso, político, racial, futbolístico, etc..


Mensaje en especial para musulmanes (que hoy en día están sufriendo mucho porque están siendo atacados tanto por dentro como por fuera): a medida que se van disolviendo los propios ídolos, algo inconmensurable surge, nuestro tesoro divino, y el resultado es que a la persona le inunda una paz (salâm) inmensa, que la transmite a los demás (baraka) y deja de ocuparse en juzgar a los demás. Nuestra mente tiende a crear enredos mayúsculos y espinosos, como un zarzal. Cuando el zarzal arde, Allah surge, como le pasó a Moisés (Musa a.s.) en el Monte Sinaí, y todo lo ilusorio se desvanece. Este es el principio del camino de la pacificación de una sociedad. Este es el camino del Tao para conducir los caballos a arar los campos. Este es el camino que quiso transmitir el Buda con sus Escrituras en blanco. 

lunes, 27 de julio de 2015

La base segura


El pediatra Carlos González en su libro “Bésame mucho” nos muestra cómo se empieza a construir la confianza de una persona. Pone como ejemplo a una niña de dos años que juega en el parque. Su madre está sentada en un banco y la niña juega en la tierra. La niña se sienta, se levanta, recoge alguna cosa del suelo, se va hacia los columpios, vuelve, se dirige hacia las flores, vuelve…

Todos estos movimientos tienen una cosa en común: su madre es siempre el origen y el final. La pequeña se aleja lentamente, por etapas, parándose aquí y allá para investigar algo interesante. Cuando llega a cierta distancia, decide iniciar el camino de vuelta, que suele ser más rápido. Esta distancia de seguridad en que la criatura se para y se vuelve aumenta con la edad y varía según diversos factores, como por ejemplo, si se encuentra en un lugar conocido o desconocido, si hay cerca otras personas o animales, si hay obstáculos que le impidan tener contacto visual con la madre, etc. También depende del carácter más o menos atrevido del niño o la niña. Cuando está cerca de la madre, al principio las etapas suelen ser más largas y las pausas, cortas, pero a medida que se aleja, las etapas tienden a hacerse más cortas y las pausas, más frecuentes y prolongadas. Y al contrario, cuando decide volver, suele comenzar a buen ritmo, y solo cuando ya está cerca de la madre, comienza a “roncear”. A veces la excursión acaba en los brazos de la madre o tocándola, y otras veces a cierta distancia. Pasado un rato, la niña empieza una nueva exploración.

Según Bolwlby, J. en su libro “A secure base” (Una base segura), la madre es la “base segura” para la conducta de exploración de los niños, que compara con el avance de una patrulla de reconocimiento en territorio enemigo. Mientras se mantengan en contacto con la base y vean posible retirarse en caso de peligro, podrán avanzar con seguridad. En cambio,

si el contacto se pierde, la base es destruida o la retirada está bloqueada, la patrulla se desmoraliza y sus miembros dejan de ser valientes exploradores para convertirse en unos extraviados atemorizados.



Comentario: la base de la confianza y la autosuficiencia en la vida de una persona adulta tiene mucho que ver con haberse sentido seguro con la madre, y también con el padre, pero sobre todo con la madre. Para un niño, saber que la madre está ahí siempre apoyándolo para todo lo que necesite genera confianza en su valía. Lo contrario es lanzar al niño y al futuro adulto al mar de la soledad y a la falta de confianza, y en casos extremos a dar tumbos por la vida. Por desgracia, muchas personas padecen de esto.


Y en otros casos, aunque el niño se haya sentido querido y cuidado por sus padres, una separación de semanas o meses puede afectar mucho a la confianza del niño. Al sentirse separado de la madre, el niño se siente solo y falto de esa “base segura”. En el caso de muchas personas tartamudas, por aquí comenzó su historia, como cuenta John Harrison en su libro "El hexágono de la tartamudez". Dice que empezó a repetir sílabas cuando su madre y su abuela se fueron tres semanas de vacaciones a Europa, y sospecho que también fue lo que me pasó a mi cuando mi madre estuvo varios meses en el hospital y yo tenía cuatro años.
 

miércoles, 22 de abril de 2015

ADAM JULIÁN 21/04/2015 1:20






Mi niño pequeñito,

el de la carilla tan guapa,

hijo de la luna y las estrellas,

te quedaste dormido bajo la sombra del árbol del universo.



Nos encontraremos en el jardín florido de primavera eterna,

y jugaremos al pilla-pilla y nos haremos cosquillas,

y te cogeré los deditos y te haré:



Este niño quiere pan, y este dice que no hay, y este dice que amasemos,

y este dice que en el horno lo coceremos,

¡y este gordito dice que por la boquita nos lo comeremos!!!!”,



y nos reiremos como dos niños chicos,

y de nuestros pechos brotarán arroyos de leche y miel,

porque para eso hemos sido creados los humanos,

para que de nuestros pechos broten arroyos de leche y miel.

Este texto me surgió poco a poco durante las largas horas de espera en la sala de partos del hospital de Mataró entre lunes 20 y martes 21 de abril de 2015. Mi hijo Adam Julián salió muerto, con 7 meses y medio. La alusión a los arroyos de leche y miel es una imagen coránica muy potente del Jardín. Me salió así.

viernes, 3 de abril de 2015

Nada que demostrar

Un texto fundamental del gran libro de mi colega Luis Miguel Mourareu Torres "El gran viaje de la tartamudez a las estrellas":

"De la misma manera que no necesitas de una "media naranja" para ser feliz (pues te recuerdo que naciste completo y no como una mitad), tampoco necesitas alcanzar tal o cual logro para sentirte un ser capaz. No has venido a esta vida a demostrar nada a nadie, ni siquiera a ti mismo. Has llegado a este mundo para vivir. Sí, vivir. Y tu vida está hecha para vivirla en plenitud y con felicidad. Y, en contra de lo que hayas podido oír hasta ahora, tu felicidad ni es una meta, ni tampoco un camino. Tu felicidad, eres tú. Luego, a tu alrededor, giran un cúmulo  de situaciones, circunstancias y personas que son "anexos" que tú, y sólo tú, atraes a tu vida. Pero son eso: anexos, añadidos. No debes permitir que sean  la razón de tu felicidad.  Si lo haces te condenarás a depender de ellos. Y cuando no estén presentes en tu vida (ya sabes que nada es para siempre), sentirás que "no puedes" avanzar."

(Mourareu Torres, L.M.,  El gran viaje de la tartamudez a las estrellas, Ediciones Marré, Barcelona, 2014).