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domingo, 28 de febrero de 2016

La llama




"La observación es como una llama, la llama de la atención. Con esa llama, la herida psicológica, el sentimiento que nos lastima, el odio…, todo se extingue, desaparece".

(Jiddu Krishnamurti)

Este texto del gran Krishnamurti me recueda a la pira funeraria en las aguas del Ganges, encima de la cual se pone a la persona fallecida. Se excluye a los sadhus, los místicos mendicantes que viven en las calles de la India, porque ya no les queda nada que quemar.

Las cinco salat diarias del islam: la etimología remite a quemar, y sugiere que la salat es como una pira de fuego que quema toda la idolatría interior en la que se convierte el ego (la madre y el padre de todo fanatismo), con sus miedos, fobias, creencias limitantes y dolor por el pasado y ansiedad por el futuro. Cada vez que la persona se dirige a la Kaaba en Meca, se está introduciendo en su propio espacio interior, donde no hay idolatría, donde la mente no está, el ego no está, y surge el verdadero tesoro del ser humano.

(Nota: algo importante debe haber fallado en el mundo musulmán, porque en vez de ser la admiración del mundo, se ha convertido, en cambio, en el enemigo público número 1).

Todo esto lo explica muy bien, en lenguaje moderno, Eckhardt Tolle con su poder del ahora.

Resumen: quemar la basura psicológica y que la combustión produzca luz. La pareja fuego-luz, pura energía que no se destruye, sino que se transforma. El fuego se transforma en luz. Pasar de estar quemando por el sufrimiento a irradiar luz desde el interior.

(Juan Miguel Lorente González)

domingo, 11 de octubre de 2015

El problema portugués

Hace días que llevo pensando en este articulillo, echo de menos un gran debate en España sobre qué es España. Lo he titulado así porque si la historia hubiera sido diferente, hoy, en vez de estar hablando del "problema catalán", estaríamos hablando del "problema portugués". Si en 1640, Portugal no hubiese decidido separarse de la Monarquía Hispánica, al que había estado unido desde hacía solo 60 años, hoy en día, desde el gobierno de Madrid y desde gran parte de la población española, no se entendería que hay una gente que habla portugués y que se siente diferente. Estaríamos en las mismas que con el caso catalán: se hubieran decretado leyes en contra de su lengua y su modelo educativo y las redes sociales estarían llenas de insultos hacia los portugueses y sus ansias de liberarse. Y con una gran diferencia: no se preocuparían de Catalunya, porque sería un país independiente.
Desde el siglo XIX ya habían voces por una reunificación de los dos países por medio de la llamada Federación Ibérica, bello sueño que yo firmaría, pero los egos son más fuertes que las ganas de cooperar y trabajar juntos en paz.

España como proyección o abstracción de "España-una-castellana-católica", idea absolutista que construye un país a la fuerza (muchos reinos, una sola ley: la de Castilla), donde todo lo que no entra en este modelo (judíos, musulmanes, protestantes, catalanes, etc.), sobra.

Portugal pudo liberarse, Catalunya no. La guerra dels segadors de 1640 no salió bien, porque todo el ejército español vino a Catalunya. Entonces fue cuando Portugal aprovechó para proclamar su propia monarquía y separarse del imperio. Por eso desde Madrid y desde gran parte de la población española que tiene bien asimilada la idea de "España-una-castellana-católica", se habla de "problema catalán" o "problema vasco", y no de "problema portugués".

Cuando vivía en Portugal, hace 21 años, mi jefe de allí me contó cómo un proveedor catalán le preguntó "¿Cómo hicisteis vosotros para libraros de los españoles?". Esta desafección hacia lo español por parte de gran parte de la población catalana tendría que hacer pensar seriamente a los españoles.

Me da mucha pena, cómo gran parte de los andaluces tienen esta idea bien asimilada, no se acuerdan cómo fueron masacrados, humillados tras la eliminación política y cultural de Al Andalus, y obligados a un cambio de identidad drástico para poder sobrevivir, por ese mismo imperio, entonces naciente, que hoy habla de "problema catalán" o "problema vasco".

lunes, 27 de julio de 2015

La base segura


El pediatra Carlos González en su libro “Bésame mucho” nos muestra cómo se empieza a construir la confianza de una persona. Pone como ejemplo a una niña de dos años que juega en el parque. Su madre está sentada en un banco y la niña juega en la tierra. La niña se sienta, se levanta, recoge alguna cosa del suelo, se va hacia los columpios, vuelve, se dirige hacia las flores, vuelve…

Todos estos movimientos tienen una cosa en común: su madre es siempre el origen y el final. La pequeña se aleja lentamente, por etapas, parándose aquí y allá para investigar algo interesante. Cuando llega a cierta distancia, decide iniciar el camino de vuelta, que suele ser más rápido. Esta distancia de seguridad en que la criatura se para y se vuelve aumenta con la edad y varía según diversos factores, como por ejemplo, si se encuentra en un lugar conocido o desconocido, si hay cerca otras personas o animales, si hay obstáculos que le impidan tener contacto visual con la madre, etc. También depende del carácter más o menos atrevido del niño o la niña. Cuando está cerca de la madre, al principio las etapas suelen ser más largas y las pausas, cortas, pero a medida que se aleja, las etapas tienden a hacerse más cortas y las pausas, más frecuentes y prolongadas. Y al contrario, cuando decide volver, suele comenzar a buen ritmo, y solo cuando ya está cerca de la madre, comienza a “roncear”. A veces la excursión acaba en los brazos de la madre o tocándola, y otras veces a cierta distancia. Pasado un rato, la niña empieza una nueva exploración.

Según Bolwlby, J. en su libro “A secure base” (Una base segura), la madre es la “base segura” para la conducta de exploración de los niños, que compara con el avance de una patrulla de reconocimiento en territorio enemigo. Mientras se mantengan en contacto con la base y vean posible retirarse en caso de peligro, podrán avanzar con seguridad. En cambio,

si el contacto se pierde, la base es destruida o la retirada está bloqueada, la patrulla se desmoraliza y sus miembros dejan de ser valientes exploradores para convertirse en unos extraviados atemorizados.



Comentario: la base de la confianza y la autosuficiencia en la vida de una persona adulta tiene mucho que ver con haberse sentido seguro con la madre, y también con el padre, pero sobre todo con la madre. Para un niño, saber que la madre está ahí siempre apoyándolo para todo lo que necesite genera confianza en su valía. Lo contrario es lanzar al niño y al futuro adulto al mar de la soledad y a la falta de confianza, y en casos extremos a dar tumbos por la vida. Por desgracia, muchas personas padecen de esto.


Y en otros casos, aunque el niño se haya sentido querido y cuidado por sus padres, una separación de semanas o meses puede afectar mucho a la confianza del niño. Al sentirse separado de la madre, el niño se siente solo y falto de esa “base segura”. En el caso de muchas personas tartamudas, por aquí comenzó su historia, como cuenta John Harrison en su libro "El hexágono de la tartamudez". Dice que empezó a repetir sílabas cuando su madre y su abuela se fueron tres semanas de vacaciones a Europa, y sospecho que también fue lo que me pasó a mi cuando mi madre estuvo varios meses en el hospital y yo tenía cuatro años.
 

domingo, 5 de abril de 2015

EL PODER TRANSFORMADOR DE LA PALABRA


  • El poder de la palabra

Robert Dilts  puso de relieve, en su libro “El poder de la palabra” (Barcelona, Ed. Urano), el inmenso poder de la palabra para modelar nuestra percepción, comportamiento y actitud hacia la realidad cotidiana. El lenguaje tiene un gran impacto en el ser humano: genera experiencias, creencias, miedos, esperanzas, proyectos, estados de ánimo, alegrías, tristezas...

Rafael Echeverría, en sus obras "Ontología del lenguaje" y "La empresa emergente" (Barcelona, Ed. Granica), destaca el poder de la conversación dentro del marco de la empresa como muestra de este poder generativo del lenguaje. Por ejemplo, el jefe dice “Hágase tal cosa”, y tal cosa se hace. Si no hubiera dicho eso, tal cosa no se habría realizado. Echeverría pone el énfasis en el poder de las conversaciones entre las personas, las cuales generan estados de ánimo, acciones determinadas, pensamientos, emociones, pasiones, sueños, proyectos, etc.

Según Echeverría, el filósofo griego Heráclito, en el siglo VI a.C., fue el primero en reconocer el poder creador del mundo a través de la palabra. El Logos, la palabra, según Heráclito, era el fundamento de todo lo existente y aquello que transformaba el caos en orden, la multiplicidad en unidad y la unidad en multiplicidad. Heráclito vivió en Éfeso, Asia Menor, cuando estaba bajo dominio persa.

Por otro lado, en arameo, la antigua lengua de los judíos, había una expresión que reconocía este poder de la palabra: “avara ka d`avara”, que significaba “La palabra transforma”. Es posible que este conocimiento haya pasado a Persia durante el cautiverio judío en Babilonia y que lo hayan recogido los magos persas para abrir lo que estaba cerrado y hacer posible lo que parecía imposible. La expresión aramea pasó al persa como “Abracadabra”, expresión del mundo de la magia conocida por nosotros. Y estos mismos persas fueron los que gobernaron Éfeso cuando vivía Heráclito.

Tampoco extraña que en el Génesis, Yahvé genere el mundo por medio de la palabra: “Hágase la luz”, y la luz se hizo. Y en el Evangelio de Juan, “Al principio fue el Verbo”, Verbo-Palabra-Acción. En el Evangelio de Lucas se observa el gran poder de la palabra en el episodio de la sanación del sirviente de un centurión (Lucas 7, 1-10).

Pero este conocimiento del poder generativo del lenguaje se olvidó durante cientos de años para considerarlo como una mera herramienta descriptiva de la realidad, hasta el período final del siglo XIX-mitad del siglo XX, cuando Nietzsche, Heidegger y Wittgenstein, redescubrieron la función generativa del lenguaje. El lenguaje no tenía solamente una función pasiva limitada a la descripción de la realidad, sino que el lenguaje creaba realidad.

  • La palabra parábola

La palabra griega “parabolós” derivó en nuestra “palabra”, a la parábola como figura geométrica y a la parábola del Evangelio. Etimológicamente procede de la composición de:
  • la preposición “para”, que significa “junto a”, y
  • el nombre “bolós”, que significa “bola que se lanza”. De “bolós” deriva también metabolismo (o cómo el bolo alimenticio se digiere a través del sistema digestivo), balística (ciencia que estudia toda bala que se dispara), embolia (trastorno provocado por un coágulo que bloquea la circulación de la sangre), etc.

En el Evangelio, la parábola es un relato alegórico, es decir, que tiene un nivel de comprensión aparente que llega a todo el mundo, al mismo tiempo que tiene otros niveles de comprensión más profundos que no todos llegan a intuir. Parece como si esta parábola fuera una bola que se lanza (la historia aparente) acompañada (para=junto a) de uno o varios significados más profundos. No todas las personas a las que llega esta “bola” entienden sus significados más profundos. Muchos de los cuentos tradicionales son parábolas, por eso su poder para hacer aflorar la sabiduría interna innata de cada persona.



En geometría, la parábola es una curva cuyas ramas se alejan hacia el infinito. El científico Jorge Wagensberg, en su obra "La rebelión de las formas" (Barcelona, Ed. Tusquets), nos da una definición de la parábola como objeto para emitir y recibir señales del espacio:

La parábola concentra lo que llega del infinito, o manda al infinito lo que se irradia de su foco. Eso, y no otra cosa, es empezar a comprender la parábola.”



Sustituyamos la “parábola” geométrica por la “palabra” del lenguaje, a ver qué nos sugiere:

La palabra concentra lo que llega del infinito, o manda al infinito lo que se irradia de su foco. Eso, y no otra cosa, es empezar a comprender la palabra.”

Aquí está el poder y la proyección de la palabra humana en el mundo. Dejamos a nuestros lectores y nuestras lectoras su propia reflexión sobre este asunto tan crucial en el ser humano.


Y para apoyar esta afirmación, qué mejor que dos cuentos:



EL PODER DE LA PALABRA


Había una vez un samurái que era muy diestro con la espada y a la vez muy soberbio y arrogante. El samurái tenía una creencia: él solo se creía alguien cuando mataba a un adversario en un combate y, por eso, buscaba continuamente ocasiones para desafiar a cualquiera ante la más mínima afrenta. Era de esta manera como el samurái mantenía su idea, su concepto de sí mismo, su férrea identidad.
 
En una ocasión, este hombre llegó a un pueblo y vio que la gente acudía en masa a un lugar. El samurái paró en seco a una de aquellas personas y le preguntó:
-     ¿Adónde vais todos con tanta prisa?
-     Noble guerrero –le contestó aquel hombre que, probablemente, empezó a temer por su vida- vamos a escuchar al maestro Wei.
-    ¿Quién es ese Wei? 
-    ¿Cómo es posible que no le conozcas, si el maestro Wei es conocido en toda la región?
 
El samurái se sonrió como un estúpido ante aquel aldeano y observó el respeto que aquel hombre sentía por ese tal maestro Wei y que no parecía sentir por un samurái como él. Entonces decidió que aquel día su fama superaría a la de Wei y por eso siguió a la multitud hasta que llegaron a la enorme estancia donde el maestro Wei iba a impartir sus enseñanzas.
 
El maestro Wei era un hombre mayor y de corta estatura por el cual el samurái sintió de inmediato un gran desprecio y una ira contenida.
 
Wei empezó a hablar:
-En la vida hay muchas armas poderosas usadas por el hombre y, sin embargo, para mí, la más poderosa de todas es la palabra.
 
Cuando el samurái escuchó aquello, no pudo contenerse y exclamó en medio de la multitud:
-    Sólo un viejo estúpido como tú puede hacer semejante comentario.

Entonces, sacó su katana y agitándola en el aire, prosiguió:
-Ésta sí que es un arma poderosa y no tus estúpidas palabras.
   
Entonces Wei, mirándole a los ojos, le contestó:
-    Es normal que alguien como tú haya hecho ese comentario. Es fácil ver que no eres más que un bastardo, un bruto sin ninguna formación, un ser sin ningunas luces y aun absoluto hijo de perra.
     
Cuando el samurái escuchó aquellas palabras, su rostro enrojeció y con el cuerpo tenso y la mente fuera de sí empezó a acercase al lugar donde Wei estaba gritándole: 
-    ¡¡¡Anciano, despídete de tu vida porque hoy llega su fin!!!!!!
 
Entonces, de forma inesperada, Wei empezó a disculparse: 
-    Perdóname, gran señor, sólo soy un hombre mayor y cansado, alguien que por su edad puede tener los más graves de los deslices. ¿Sabrás perdonar con tu corazón noble de guerrero a este tonto que en su locura ha podido agraviarte?
 
El samurái se paró en seco y le contestó:
-    Naturalmente que sí, noble maestro Wei, acepto tus excusas.
  
En aquel momento Wei le miró directamente a los ojos y le dijo:
-   Amigo mío, dime: ¿Son o no son poderosas las palabras?




Otro cuento muy aclaratorio del poder de las palabras es el de las tres orugas de seda:

EL PODER DE LA IMAGINACIÓN


Había una vez tres orugas de seda que ignoraban su futuro como mariposas. Sus nombres eran: Pesimista, Realista e Idealista. Se les acercaba la hora de su transformación y empezaron a sentir los primeros síntomas.... Su voraz apetito fue desapareciendo, su movilidad menguaba a gran velocidad y, finalmente, sintieron como el capullo les aislaba del mundo conocido, de la seguridad de lo cotidiano. En la oscuridad del misterio de su futuro, tuvieron pensamientos distintos. Las palabras que se dirigieron a ellos mismos eran diferentes:

Pesimista se dijo a sí mismo que estaba viviendo el final de su vida, y en lo más profundo de su sentir, se despidió de los buenos momentos.
Realista se dio ánimos diciéndose que todo aquello sería momentáneo y que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad.
Idealista sintió que aquello que le estaba ocurriendo podría ser la oportunidad para que se cumpliese su sueño más preciado: poder volar como un pájaro. Y aprovechó la oscuridad para perfeccionar sus sueños.

Cuando los tres capullos se abrieron, dejaron ver tres realidades iguales y distintas a la vez:
Pesimista era una bellísima mariposa, pero estaba muerta... Había muerto de miedo.
Realista era una hermosísima mariposa, pero a pesar de ello, empezó a arrastrarse como cuando era oruga. Con satisfacción, dio las gracias al cielo por haber podido seguir igual que antes.
Idealista, nada más ver la luz del día, buscó sus alas... y al verlas, su corazón rezumó alegría, emprendió el vuelo, como un pájaro, y dio las gracias, repartiendo su dicha por todo el bosque.

  • FRASES SOBRE EL PODER DE LA PALABRA




Crane, Stephen: "El que puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino."

Ford, Henry: "Si crees que lo puedes hacer, tienes razón. Si crees que no lo puedes hacer, también tienes razón."




Gandhi, Mahatma: "Observa tus pensamientos, se convertirán en tus palabras. Observa tus palabras, se convertirán en tus acciones. Observa tus acciones, se convertirán en tus hábitos. Observa tus hábitos, se convertirán en tu carácter. Observa tu carácter, se convertirá en tu destino."

Podéis leer un artículo mío similar en http://creandoconlatartamudez.blogspot.com.es/2014/04/introducciona-la-neuro-semantica-de-la_16.html


Bibliografía:
  • DILTS, R. (2003). El poder de la palabra. Barcelona: Ed. Urano. 


  •  ECHEVERRÍA, R. (2000). La empresa emergente. La confianza y los desafíos de la transformación. Barcelona: Ed. Granica.
  • ECHEVERRÍA, R. (2008). Ontología del lenguaje. Barcelona: Ed. Granica.
  •  AYA, A. (2013). El arameo en sus labios. Saborear los cuatro evangelios en la lengua de Jesús. Barcelona: Ed. Fragmenta.  
  •  WAGENSBERG, J. (2004). La rebelión de las formas. Barcelona: Tusquets Ed. Pág. 242.

viernes, 3 de abril de 2015

Nada que demostrar

Un texto fundamental del gran libro de mi colega Luis Miguel Mourareu Torres "El gran viaje de la tartamudez a las estrellas":

"De la misma manera que no necesitas de una "media naranja" para ser feliz (pues te recuerdo que naciste completo y no como una mitad), tampoco necesitas alcanzar tal o cual logro para sentirte un ser capaz. No has venido a esta vida a demostrar nada a nadie, ni siquiera a ti mismo. Has llegado a este mundo para vivir. Sí, vivir. Y tu vida está hecha para vivirla en plenitud y con felicidad. Y, en contra de lo que hayas podido oír hasta ahora, tu felicidad ni es una meta, ni tampoco un camino. Tu felicidad, eres tú. Luego, a tu alrededor, giran un cúmulo  de situaciones, circunstancias y personas que son "anexos" que tú, y sólo tú, atraes a tu vida. Pero son eso: anexos, añadidos. No debes permitir que sean  la razón de tu felicidad.  Si lo haces te condenarás a depender de ellos. Y cuando no estén presentes en tu vida (ya sabes que nada es para siempre), sentirás que "no puedes" avanzar."

(Mourareu Torres, L.M.,  El gran viaje de la tartamudez a las estrellas, Ediciones Marré, Barcelona, 2014).