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sábado, 29 de abril de 2017

Qué triste belleza

Hace unas tardes, al salir del trabajo, conduciendo maravillado por el larguísimo paseo de Igualada de árboles alineados, bajo la fina lluvia de nubes plateadas, de repente, surgió. Un trocito de “Platero y yo” que me aprendí de memoria en mis tiempos jóvenes llenos de melancolía y que en ese momento afloró desde lo más profundo de mi ser. Me salió así, y se me ocurrió dejar constancia:

 

Última siesta

 ¡Qué triste belleza, amarilla y descolorida, la del sol de la tarde, cuando me despierto bajo la higuera!


En la versión alemana, preciosa:


Letzte Siesta

Wie trist, wie gelb und ausgebleicht ist die Schönheit der Sonne am Nachmittag, wenn ich aufwache unterm Feigenbaum!


Y en la versión portuguesa, ya no tengo más:


A sesta

Que triste beleza, amarela e descolorida, a do sol da tarde, quando acordo sob a figueira!


Dos días después, veo al Papa Francisco y al Imam Ahmed al Tayyeb abrazándose en la Universidad Al Azhar de El Cairo. Todavía hay esperanzas en el género humano.


A Juan Ramón Jiménez.

jueves, 23 de julio de 2015

Platero sufi

En la portada del blog http://circulo-oriente.blogspot.com.es/     aparece este texto de Ibn  Arabi de Murcia:

"Has de saber que aquel que realiza la Futuwwah
es situado delante, cerca del Señor de los hombres.

Preferir el otro a sí mismo, he ahí el adorno del caballero (fatà).
Sea este quien sea, honor a él.

La impetuosidad de las pasiones no lo agitan,
siempre firme como una montaña.

Ninguna pena lo aflige, ningún miedo lo despoja
de sus nobles virtudes en el fragor de su combate.

Mira cómo, él solo, ha derribado los ídolos.
Así es él: suave y duro a un tiempo".

Ibn 'Arabî (Murcia, 1165-Damasco, 1240)
 
Este "suave y duro a un tiempo" me ha recordado enseguida a la descripción que hacía Juan Ramón Jiménez del burrito Platero en "Platero y yo":
 
"Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra."

Y unas líneas después dice que Platero tiene "acero y plata de luna, al mismo tiempo".

En la misma obra, en el capítulo 50, Juan Ramón Jiménez describe a la flor del camino como modelo de belleza y fortaleza:
La flor del camino
¡Qué pura, Platero, y qué bella esta flor del camino!
Pasan a su lado todos los tropeles -los toros, las
cabras, los potros, los hombres-, y ella, tan tierna y
tan débil, sigue enhiesta, malva y fina, en su vallado
sólo, sin contaminarse de impureza alguna.
Cada día, cuando, al empezar la cuesta, tomamos el
atajo, tú la has visto en su puesto verde. Ya tiene a su
lado un pajarillo, que se levanta -¿por qué?- al
acercarnos; o está llena, cual breve copa, del agua
clara de una nube de verano; ya consiente el robo de
una abeja o el voluble adorno de una mariposa.
Esta flor vivirá pocos días, Platero, aunque su
recuerdo podrá ser eterno. Será su vivir como un día
de tu primavera, como una primavera de mi vida...
¿Qué le diera yo al otoño, Platero, a cambio de esta
flor divina, para que ella fuese, diariamente, el
ejemplo sencillo y sin término de la nuestra?
 

Me gusta cómo habla Juan Ramón de esta "flor divina". ¿Acaso no somos nosotros, los humanos, y todo lo que vemos y tocamos, algo "divino", y no meras cosas para usar y tirar? (Este es un mensaje para todo aquél que trate mal a los demás: neo-liberales, terroristas, manipuladores, corruptos, maltratadores, etc.).

Aquí hay el enlace de un artículo donde explica el conocimiento que tenía Juan Ramón de la mística andalusí:
http://www.islamyal-andalus.es/2/index.php/historia-4291/andaluces/6742-juan-ramon-jimenez