Occidente en Oriente y Oriente en Occidente (o cómo alejarnos del tonto que mira el dedo y acercarnos al sabio que señala la luna)
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sábado, 20 de mayo de 2017
domingo, 27 de noviembre de 2016
Así habló Zarathustra IV, homenaje a Nietzsche
ALSO
SPRACH ZARATHUSTRA
Friedrich
Nietzsche
IV
Zarathustra aber sahe das
Volk an und wunderte sich. Dann sprach er also:
“Der Mensch ist ein
Seil, geknüpft zwischen Tier und Übermensch - ein Seil über einem
Abgrunde.
Ein gefährliches Hinüber,
ein gefährliches Auf-dem-Wege, ein gefährliches Zurückblicken, ein
gefährliches Schaudern und Stehenbleiben.
Was groβ
ist am Menschen, das ist, daβ
er eine Brücke und kein Zweck ist: was geliebt werden kann am
Menschen, das ist, daβ er ein Übergang und ein Untergang ist.
“Zarathustra
contempló al pueblo y se maravilló. Después habló así:
“El
ser humano es una cuerda tendida entre la bestia y el ser humano
superior – una cuerda sobre un abismo.
Un
peligroso ir más allá, un peligroso detenerse, un peligroso volver
atrás, un peligroso vacilar y un peligroso estar de pie.
Lo
más grande del ser humano es que es un puente y no una meta. Lo de
que debemos amar en el ser humano es que consiste en un tránsito y
un ocaso.
Ich liebe die,
welche nicht zu leben wissen, es sei denn als Untergehende, denn es
sind die Hinübergehenden.
Ich liebe die groβen
Verachtenden, weil sie die groβen Verehrenden sind und Pfeile der
Sehnsucht nach dem andern Ufer.
Yo
amo a quienes no saben vivir sino para desaparecer, para anularse,
pues esos son los que pasan más allá.
Yo
amo a los grandes menospreciadores, porque son los grandes
veneradores, flechas de deseo que ansían pasar a la otra orilla.
Ich liebe die,
welche nicht erst hinter den Sternen einen Grund suchen, unterzugehen
und Opfer zu sein: sondern die sich der Erde opfern, daβ die Erde
einst des Übermenschen werde.
Ich liebe den,
welcher lebt, damit er erkenne, und welcher erkennen will, damit
einst der Übermensch lebe. Und so will er seinen Untergang.
Yo
amo a quienes no buscan tras las estrellas alguna razón para
desaparecer o convertirse en ofrenda para inmolarse, sino que se
ofrendan a la tierra para que algún día esta sea del Ser humano
superior.
Yo
amo a quienes viven para el conocimiento y tratan de saber, para que
algún día llegue a existir el Ser humano superior. Y es así como
quieren su propio ocaso.
Comentario
En el mundo, en todo
lugar y en todo tiempo, ahora y en el pasado, han habido unos pocos
individuos que se acercan o realizan ese mítico Ser humano superior,
otros pocos individuos que se acercan a la bestia, y la mayoría,
que, trabajosamente se mueven en la cuerda floja, que Nietzsche
describe como puente. El mundo es una batalla entre estos tres tipos
humanos, por eso encontramos desde lo más sublime hasta lo más
perverso, de gente con una vida que pasa de largo sin grandes
contratiempos a gente con vidas convulsas, frenéticas, maravillosas
o trágicas.
El
ego es a lo que se refiere Nietzsche como digno de desprecio, lo que
es digno de ser anulado o desaparecido, para poder pasar a la otra
orilla aquí y ahora. Vivir sin ego. Esa es el gran experiencia
espiritual de Nietzsche, el paradigma de los filósofos ateos, por
eso lo encuentro tan auténtico, por eso me llena tanto. Es la misma
experiencia expresada de mil y una maneras desde la antigüedad. ¿No
será que ese Ser humano superior es el equivalente islámico al
Al-Insán al-Kámil, el “ser humano completado”, el que ha
recompuesto sus piezas rotas?
Vivir sin ego, eso
es lo mismo que dice un compatriota moderno suyo, Eckhardt Tolle, y
lo mismo que han dicho los grandes personajes espirituales de la
humanidad. Y el hombre moderno, todavía sufriendo por los
callejones, lamentándose, quejándose, rabiando por el dolor de las
heridas...
Vivir sin ego, el
ocaso, desaparecer, anularse... Para llegar a la otra orilla, en esta
vida ya.
Por eso Nietzsche,
como Krishnamurti, son maestros del “la ilaha”, no dioses, no
ideologías, algo a tener en cuenta para muchos musulmanes, tan
fanatizados, tan trastornados por la ideología. Y también para los
que buscan.
domingo, 11 de septiembre de 2016
El doble filo de la religión
Del libro "Filosofía Perenne" de Aldous Huxley (cap. 24):
Existen, al parecer, dos razones fundamentales para la observada evolución de las religiones históricas:
1) La mayoría de la gente no desea espiritualidad ni liberación, sino más bien una religión que le procure satisfacciones emotivas, respuestas a los ruegos, facultades supranormales y una salvación parcial en alguna suerte de cielo póstumo.
Esta mayoría de gente no quiere complicarse la vida con ir más allá de su pequeño yo. Quiere una ayuda sencilla en forma de religión o filosofía de vida para ir tirando en su vida cotidiana, tal como observa Huxley.
2) Algunos de los pocos que desean espiritualidad y liberación encuentran que, para ellos, los medios más eficaces para tales fines son las ceremonias, "vanas repeticiones" y ritos sacramentales. El participar de estos actos y pronunciar estas fórmulas es para ellos el recordatorio más potente de la eterna Base de todo ser. Es por su propia inmersión en los símbolos por donde pueden llegar más fácilmente a un punto de intersección entre la criatura y el Creador (...). Cada cosa, suceso o pensamiento puede, por tanto, convertirse en puerta por donde tal vez salga un alma del tiempo para entrar en la eternidad. Por esto la religión ritualista y sacramental puede conducir a la liberación.
La vía mística judía, cristiana y musulmana se basa en esto. Los mismos actos rituales y las fórmulas observadas en el punto anterior son medios para ir más allá del pequeño yo. La persona está totalmente abierta a lo interior y a la exterior, sin opiniones cosificadas sobre las cosas, sin prejuicios, sin juicios, sin emociones incontroladas. El pequeño yo ya no está y surge el gran YO, lo divino, el tesoro oculto del ser humano. Estar en presencia de una persona de tal calibre es otra cosa. Jesús era así, Muhammad también, Buda, Moisés... En la vida cotidiana en todo tiempo y lugar han habido y hay personas que se acercan a su nivel, pero que ni se dan cuenta de ello, porque su pequeño yo no está. No van de nada. Cada palabra, cada cosa, cada suceso, cada pensamiento, cada emoción, son puertas hacia lo que va más allá de lo aparente. Pero esto solo lo ve la persona capaz de verlo. No la gente común que no quiere complicaciones, que se queda satisfecha solamente asomándose a la superficie desde la visión de su pequeño yo (de ahí que surjan tantos errores de conducta y de doctrina).
Pero, al mismo tiempo, todo ser humano ama el poder y la exaltación de sí mismo, y toda consagrada ceremonia, forma verbal o rito sacramental es un cauce por donde puede afluir fuerza del fascinador universo psíquico al universo de los yo encarnados. Por esto la religión ritualista y sacramental también puede alejar de la liberación.
Los actos rituales y las fórmulas del primer punto son armas de doble filo para quien tiende a hinchar su pequeño yo. El resultado va desde una mera hinchazón del "yo" y "lo mío" hasta el fanatismo de "lo mío es lo mejor" y "yo sé lo que te conviene". Los fanáticos arrogantes y los terroristas son los casos más extremos. No es más que mera idolatría del "yo" y "lo mío". El resultado es que todo lo que se sale de su esquema mental es despreciable, bicho que se ha de eliminar.
Por eso el Corán es un libro que tanto es referencia para el sufi, como para el dogmático, como para el terrorista.También la Biblia, para el caso judío y cristiano. Por eso lo del doble filo de la religión. Quien tiende a dejarse dominar por su pequeño yo, el texto favorece sus intereses de poder. Quien no va de nada, el texto le habla de sus significados ocultos. Y es cuando del pecho de la persona surgen los arroyos de leche y miel, dicho de una manera coránica, al mismo tiempo poética. Sería tan bello que surgieran personas así, muchas, y que la voz del islam ya no fuera monopolio de dogmáticos, fanáticos y terroristas. Así el islam sería la admiración del mundo. Es solo un sueño. Soñar no me lo impide nadie.
Ali, yerno y primo de Muhammad, expresó magistralmente el hecho religioso en el ser humano:
Hay tres tipos de personas religiosas: la del esclavo, la del comerciante y otra. El esclavo cumple con la religión por miedo al castigo. El comerciante cumple con la religión por afán de recompensa. El otro es el que cumple con la religión por amor desinteresado. De los dos primeros el mundo está lleno. De los otros, se encuentran a faltar (*).
El pequeño yo cabe en un puño apretado para asegurarse que "lo mío sigue siendo mío". Al GRAN YO no lo abarcan ni los cielos ni la tierra. Los brazos abiertos para abrazar desinteresadamente a quien quiera dejarse abrazar. Nuestro fondo sagrado. O Base divina, como lo describe Huxley.
(*) Este hadiz está pendiente de mostrar el texto original en árabe y su traducción al castellano.
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